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Destaque Semanal

Indignado Y Comprometido•
Antoni Jesús Aguiló

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Antoni Jesús Aguiló

 

 

Federico García Lorca

Antoni Jesús Aguiló
Publicado em 2022-01-06

Indignado y Comprometido

El 12 de mayo de 2013, mientras realizaba labores de investigación de campo para el proyecto ALICE, me encontraba en la madrileña plaza de Santa Ana participando en la iniciativa “Toma tu ágora”, celebrada en el marco de las actividades organizadas por el 15M con motivo de su segundo aniversario. Las plazas del centro de la ciudad se llenaron de asambleas populares para compartir alternativas, limitaciones y logros alcanzados dos años después de la explosión del movimiento en mayo de 2011. Durante la realización del ágora, los indignados colocaron en el monumento a Lorca que preside la plaza un cartel que exhortaba a la indignación y al compromiso sociopolítico, en referencia a las obras de Stéphane Hessel que han sacudido conciencias. Lejos de perderse en el tiempo, el recuerdo del poeta y dramaturgo volvió a vibrar en las calles y corazones de Madrid. Nunca sabremos si Lorca habría simpatizado con los indignados. Lo que sí sabemos es que su imaginación artística estuvo acompañada de una actitud de denuncia frente a las injusticias y miserias de su tiempo.


Escultura de Lorca con cartel durante el ágora en la Plaza Santa Ana de Madrid
Foto: autoría propia

Lorca no fue militante ni dirigente partidario y en más de una ocasión declaró su apartidismo. Refiriéndose a la militancia comunista de Rafael Alberti, Dámaso Alonso (1978: 160) pone en boca de Lorca el siguiente comentario: “Yo nunca seré político. Yo soy revolucionario, porque no hay un verdadero poeta que no sea revolucionario”. Ello no significa que abrazara el mito de la neutralidad ideológica y el apoliticismo, a pesar de los denodados esfuerzos del franquismo por despolitizar y edulcorar su figura. Por el contrario, sus gestos públicos, entrevistas, cartas y documentos análogos, su vida y su voz, en definitiva, demuestran que desarrolló una orientación político-social marcadamente de izquierda. Como artista e intelectual, no dejó de implicarse en la agitada vida política de la España atávica y tenebrosa que lo fusiló.

 

Federico García Lorca nació el 5 de junio de 1898 en Fuente Vaqueros (Granada), en el seno de una familia acomodada y liberal. Hijo de una maestra y de un acaudalado propietario agricultor, su infancia transcurrió en el campo, donde empezó a asimilar la tradición popular andaluza. Su talento no sólo abarcaba el campo de la poesía, sino que también se sintió inclinado por la música y la pintura: “Mi infancia es aprender letras y música con mi madre, ser un niño rico en el pueblo, un mandón" (García Lorca, 1994: 493). Lorca estudió filosofía y letras, derecho y estudios musicales en Granada bajo la dirección de Manuel de Falla. En 1919, se traslada a Madrid, donde vivió varios años en la Residencia de Estudiantes y conoció a figuras como Luis Buñuel, Salvador Dalí y Rafael Alberti.

 

En 1918, publicó Impresiones y paisajes, su primer libro. En 1920, se estrenó su obra teatral El maleficio de la mariposa, en 1921 se publicó Libro de poemas y en 1923 se llevó a escena la adopción en forma de comedia de títeres del cuento andaluz La niña que riega la Albahaca y el príncipe preguntón. En 1927 expuso en Barcelona su primera muestra pictórica. En 1929 marcha a Nueva York para estudiar en la Columbia University. En 1930, al final de su estancia en Estados Unidos, Lorca viajó a Cuba invitado como conferenciante, donde permaneció tres meses. En La Habana escribió parte de sus obras Así pasen cinco años y El público. Ese mismo año regresó a España. En 1931 se proclama la II República, que nombró a Fernando de los Ríos ministro de Instrucción Pública y principal mecenas del poeta en España. Lorca es nombrado director de la compañía estatal de teatro ambulante La Barraca: “Una cosa que se monta y se desmonta, que rueda y marcha por los caminos del mundo” (García Lorca, 1994: 520). En octubre de 1933 viaja a Buenos Aires, donde permaneció hasta marzo de 1934, invitado por la Sociedad de Amigos del Arte, donde dio conferencias y promocionó su teatro. A su regreso a España, retoma la dirección de La Barraca.

 

La situación política con la que se encuentra ha cambiado. El reformismo socialista del primer bienio republicano ha dado paso al bienio conservador de la Segunda República (1934-1936), durante el que gobernaron los partidos de centro-derecha republicana, ganadores de las elecciones generales de noviembre de 1933. La llegada de Hitler al poder en 1933 y el auge del fascismo radicalizan las posiciones. Lorca es ya un poeta de éxito que expresa públicamente sus ideas de izquierdas. La derecha ve en él un enemigo de la España tradicional, católica. Las elecciones del 16 de febrero de 1936 dieron la victoria al llamado Frente Popular, que agrupaba a partidos republicanos, socialistas y comunistas. El 17 de julio de ese mismo año un sector del ejército dirigido primero por el general Mola y luego por el general Franco desde Marruecos, se subleva contra el gobierno del Frente Popular, patrocinando un golpe de Estado. Es el detonante de la Guerra Civil. El 16 de agosto de 1936 Lorca es detenido en casa de su amigo Luis Rosales, de familia falangista, a quien Lorca pide ayuda y protección. Pocos días después es fusilado en el barranco de Víznar por la llamada Escuadra Negra. Su cuerpo nunca apareció. Más de ochenta años después, sigue siendo el símbolo de los desaparecidos de la Guerra Civil española.

 

La indignación y el compromiso social y político de Lorca pueden resumirse de manera general en las siguientes dimensiones, que a su vez reflejan las lecciones aprendidas a partir de esta vida y voz del sur global:

Indignado con el fascismo y comprometido con la democracia. Lorca adoptó una posición política decididamente antifascista y republicana. Junto a otros intelectuales y artistas firmó a finales de la década de los veinte un manifiesto crítico con la dictadura de Primo de Rivera; en 1933 suscribió una protesta contra la persecución de escritores y la quema de libros por el gobierno nazi; ese mismo año se afilió a la Asociación de Amigos de la Unión Soviética y condenó públicamente la invasión del fascismo italiano de Etiopía; se opuso al procesamiento de Manuel Azaña durante el gobierno de Gil Robles; protestó contra la dictadura de Salazar en Portugal; se solidarizó con los perseguidos políticos por el régimen autoritario de Getúlio Vargas en Brasil y criticó la represión estadounidense en Puerto Rico. En vísperas de las elecciones generales de febrero de 1936, firmó, en apoyo a la campaña electoral del Frente Popular, el manifiesto “Los intelectuales con el Bloque Popular”, cuyos signatarios reivindicaban “la necesidad de un régimen de libertad y de democracia, cuya ausencia se deja sentir lamentablemente en la vida española desde hace dos años” (Gibson, 1981: 28), en alusión al bienio conservador de la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA) y el Partido Radical.

 

Indignado con el clasismo y comprometido con los sectores populares. Hirió el orgullo de una burguesía hipócrita y aferrada al pasado, la clase de caciques y terratenientes que lo envidió y denunció, criticando en la prensa que “en Granada se agita actualmente la peor burguesía de España” (García Lorca, 1994: 23), y poniendo en evidencia la vacuidad de “los señoritos que tienen en sus casas cuadros con marcos de peluche rojo y clavos dorados” (García Lorca, 1994: 234). En Comedia sin título arremetió contra las “gentes de la ciudad, que vivís en la más pobre y triste de las fantasías. Todo lo que hacéis es buscar caminos para no enterarse de nada. Cuando suena el viento, para no entender lo que dice tocáis la pianola; para no ver el inmenso torrente de lágrimas que nos rodea cubrís de encajes las ventanas; para poder dormir tranquilos y acallar el perenne grillo de la conciencia inventáis las casas de caridad” (García Lorca, 1978: 321). En 1934, en una entrevista en El Sol, se declaraba “partidario de los pobres que no tienen nada y hasta la tranquilidad de la nada se les niega” (García Lorca, 1994: 656). Y en 1935 afirmaba en La Voz: “A veces, cuando veo lo que pasa en el mundo, me pregunto: «¿Para qué escribo?» Pero hay que trabajar, trabajar. Trabajar y ayudar al que lo merece. Trabajar, aunque piense uno que realiza un esfuerzo inútil. Trabajar como una forma de protesta. Porque el impulso de uno sería gritar todos los días al despertar en un mundo lleno de injusticias y miserias de todo orden: ¡Protesto!” (García Lorca, 1994: 668).

 

En 1932 fundó La Barraca, compañía de teatro universitaria itinerante creada en el marco de las misiones pedagógicas de la II República. Con ella paseó el teatro por los pueblos de España, consciente de su utilidad pedagógica y preocupado por cómo las artes escénicas podían servir a la gente, alejándose del teatro aburguesado, clasista y comercial, a pesar de los insultos y amenazas de la derecha mediática y social. De entre los documentos de la época republicana en los que Lorca  reivindica su compromiso con la cultura y la educación para el pueblo, vale la pena destacar estas palabras pronunciadas en 1931 en su discurso de inauguración de la Biblioteca Pública de Fuente Vaqueros:

“"¡Libros! ¡Libros! Hace aquí una palabra mágica que equivale a decir: ‘amor, amor’, y que debían los pueblos pedir como piden pan o como anhelan la lluvia para sus sementeras. […] No sólo de pan vive el hombre. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro. Y yo ataco desde aquí violentamente a los que solamente hablan de reivindicaciones económicas sin nombrar jamás las reivindicaciones culturales que es lo que los pueblos piden a gritos. Bien está que todos los hombres coman, pero que todos los hombres sepan. Que gocen todos los frutos del espíritu humano porque lo contrario es convertirlos en máquinas al servicio de Estado, es convertirlos en esclavos de una terrible organización social” (García Lorca, 1994: 382).

Indignado con el capitalismo y comprometido con el socialismo. En los Estados Unidos de la Gran Depresión denunció las formas de vida cosificadoras bajo el capitalismo industrial, retratando en obras como Poeta en Nueva York (1929), los problemas sociales, políticos y económicos de la sociedad estadounidense, como la alienación humana respecto a la naturaleza generada por la mecanización productiva: “Con la rueda, el aceite, el cuero y el martillo. / Noventa mil mineros sacaban la plata de las rocas / y los niños dibujaban escaleras y perspectivas” (García Lorca, 2008: 148). La soledad y deshumanización de la vida en la urbe: “Hay un dolor de huecos por el aire sin gente” (García Lorca, 2008: 6). Las estratificaciones sociales: “En Nueva York se dan cita las razas de toda la Tierra; pero chinos, armenios, rusos, alemanes siguen siendo extranjeros” (García Lorca, 1994: 526). Y el impacto ecológico de la industrialización: “La aurora de Nueva York tiene / cuatro columnas de cieno / y un huracán de negras palomas / que chapotean las aguas podridas” (García Lorca, 2008: 72). En una conferencia sobre su experiencia en Nueva York publicada póstumamente, declaró que los trabajadores estaban “encadenados por un sistema económico cruel al que pronto habrá que cortar el cuello” (García Lorca, 1994: 352). Y en 1936 reafirmaba en El Heraldo de Madrid su conciencia crítica frente a las desigualdades económicas: “Mientras haya desequilibrio económico, el mundo no piensa. […] El día en que el hambre desaparezca, va a producirse en el mundo la explosión espiritual más grande que jamás conoció la Humanidad. Nunca jamás se podrán figurar los hombres la alegría que estallará el día de la Gran Revolución”. […] ¿Verdad que te estoy hablando en socialista puro?” (García Lorca, 1994: 732).

 

Indignado con el racismo y comprometido con la convivencia pacífica entre culturas, religiones y gentes. En 1931, García Lorca (1994: 506) explicaba así su solidaridad con los marginados: “Yo creo que el ser de Granada me inclina a la comprensión simpática de los perseguidos. Del gitano, del negro, del judío…, del morisco que todos llevamos dentro”. De este modo, a través de sus versos retrató el mundo social y el dolor del pueblo gitano, representado por la Guardia civil, “que avanza sembrando hogueras” (García Lorca, 1986: 81), en cuanto símbolo de represión y violencia. En el Poema del cante jondo (1931) y el Romancero gitano (1928) nos enseñó a mirar el mundo calé sin prejuicios ni miedos, desterrando los tópicos despreciativos y dignificando humana y artísticamente la figura del gitano, caracterizada como “lo más elevado, lo más profundo y lo más aristocrático de mi país” (García Lorca, 1994: 29). La misma identificación con las víctimas está presente en Poeta en Nueva York, donde criticó las acusadas desigualdades sociales y raciales de aquella ciudad, haciendo hincapié en el sufrimiento de los negros, “esclavos de todos los inventos del hombre blanco y de todas sus máquinas” (García Lorca, 1994: 526) que por su condición subalterna “limpian con la lengua las heridas de los millonarios” (García Lorca, 2008: 28), y a los cuales, en contra del sentido común racista dominante, consideró “lo más espiritual y lo más delicado de aquel mundo” (García Lorca, 1994: 526). En junio de 1936, frente a las posturas islamófobas y antisemitas apologéticas de lo español, declaró que la toma de Granada por los Reyes Católicos “fue un momento malísimo, aunque digan lo contrario en las escuelas. Se perdieron una civilización admirable, una poesía, una astronomía, una arquitectura y una delicadeza únicas en el mundo, para dar paso a una ciudad pobre; acobardada” (García Lorca, 1994: 23).

 

Indignado con el machismo y comprometido con la emancipación femenina. Se indignó con los poderes patriarcales y moralistas que atenazaban la vida de las mujeres, mostrando los prejuicios y represiones cotidianas relacionadas con las identidades de género. Las heroínas lorquianas se debaten entre una tradición asfixiante y sus aspiraciones de libertad. Personajes como Yerma, la novia de Bodas de sangre, Mariana Pineda o la hija menor de Bernarda Alba desafían los códigos de género atribuidos a las mujeres (pasividad, sumisión, maternidad, domesticidad, etc.) y se rebelan contra el destino que la sociedad les ha reservado, reivindicando su libertad y dignidad.

 

Indignado con la homofobia y comprometido con la liberación homosexual. Su mayor mérito en la lucha contra la homofobia fue intentar escribir abiertamente sobre la homosexualidad en la España de los años veinte y treinta, pasando del amor perseguido, incomprendido y vivido en la penumbra, como el retratado en los Sonetos del amor oscuro (1935-36), a reivindicar, contra fuerzas cavernarias muy superiores, el derecho a amar libremente, como en El público (1930), donde se descubre que Julieta es en realidad un muchacho disfrazado de mujer que anhela amar sin fronteras: “A mí no me importan las discusiones sobre el amor ni el teatro. Yo lo que quiero es amar” (García Lorca, 1978: 87).

 

“¿Para qué poetas en tiempos de miseria?”, se preguntaban los románticos del siglo XIX al interrogarse por la relación entre el arte y la vida. La indignación y el compromiso de Lorca, donde creación artística y acto político se encuentran, contestan por sí solos la pregunta de Hölderlin.


Referencias

Alonso, D. (1978), Poetas españoles contemporáneos. Madrid: Gredos.
García Lorca, F. (1994), Obras, VI. Prosa. I. Primeras prosas. Conferencias. Alocuciones. Homenajes. Varia. Vida. Poética, antecríticas. Entrevistas y declaraciones. Madrid: Akal.
García Lorca, F. (1986), Romancero gitano: Llanto por Ignacio Sánchez Mejías. Madrid: Edaf.
García Lorca, F. (2008), Poet in New York / Poeta en Nueva York: A Bilingual Edition. New York: Grove Press.
García Lorca, F. (1978), El público y Comedia sin títulos: dos obras teatrales póstumas. Barcelona: Seix Barral.
Gibson, I. (1981), El asesinato de Federico García Lorca. Barcelona: Bruguera.

 

Como citar

Aguiló, Antoni Jesús (2019), "Federico García Lorca", Mestras e Mestres do Mundo: Coragem e Sabedoria. Consultado a 26.05.22, em https://epistemologiasdosul.ces.uc.pt/mestrxs/?id=27696&pag=23918&id_lingua=1&entry=36605. ISBN: 978-989-8847-08-9